Vuélvete tu propio fan
Cuando basamos nuestros estados de ánimo en las afirmaciones de los demás, las respuestas ante lo que nosotros hacemos o comunicamos les entregan un poder que no les corresponde, el poder de contaminar nuestras fuentes de seguridad, confianza, empuje y satisfacción. Deja de creer que debes agradar a todos para tener “estrellita en la frente”; es imposible ser feliz cuando tu sentido de realización se le ha delegado a lo que digan de ti los demás, y tu propia voz se queda silenciada en tu interior.
Ya no vivas como una persona amordazada por ti misma, anulada por tu propia autocrítica y paralizada por tu propia voz sobreexigente, que te descalifica repitiendo las palabras de terceras personas que ni siquiera se han tomado la molestia de conocerte, apreciarte y honrarte por quien eres. Escucha tu propia voz, celebra tus decisiones, arriésgate a ser tu propio fan consciente de que todo lo que haces y das es una semilla que te dará de regreso la materia prima para alimentarte después; da sin juzgar si merecen o no, solo da lo mejor de ti, porque tú mereces ser libre para manifestar al mundo quién eres, tal cual: un ser humano con dignidad, totalmente falible pero absolutamente perfectible como el resto de personas en la tierra, emocionalmente vulnerable pero no frágil, espiritualmente inquebrantable, porque puedes cometer errores, pero sabes que eso no te hace un error; se vale aprender del éxito, y capitalizar del error, maneras de hacer las cosas de una u otra forma.
Decide tener un espíritu enseñable, desarrolla para ti mismo autoempatía; sé bueno contigo, cada caída te da la posibilidad de nuevo impulso o humildad para extender la mano a nuevas personas en tu vida que te acompañen, levanten o sostengan. Mereces vivir sonriendo porque eres hechura de un Dios perfecto que no se equivocó contigo, te hizo con un diseño a su gusto, cada rasgo de tu personalidad tiene el potencial de brillar e iluminar con tu luz a alguien en su oscuridad.