Menú Cerrar

Crea pozos de combustible emocional (3)

Elimina patrones autodestructivos

Elimina los patrones autodestructivos

Todos tenemos registros de vivencias gratas y desagradables. Hay múltiples memorias en nuestro cerebro que generan mecanismos de respuesta a cada emoción. Esto se asociará al desarrollo de las diferentes inteligencias que también van esculpiendo nuestro cerebro y modelando nuestra personalidad, desde la manera de interpretar la vida, de hablar, comunicar afectos, decidir, seleccionar personas para amar, expresarnos, reprimirnos, actuar o coaccionar ante los estímulos del exterior. Definitivamente todo nos deja marcas, pero no nos determina; tenemos la preciosa capacidad de decidir, el invaluable regalo de la voluntad para escoger con qué nos quedamos, con qué no, qué atesorar y qué repudiar.

Muchas respuestas automáticas con que nos autocalificamos, evaluamos y criticamos cuando somos negativamente cerrados, crueles y súper exigentes con nosotros mismos, provienen de repetir patrones aprendidos de nuestras figuras de apego en la niñez, cuando crecimos con adultos enfermos de sus emociones, con cuidadores que no tenían responsabilidad de nosotros y minimizaron nuestra presencia. Esas personas ya no están en tu edad adulta, pero su influencia, como una sombra malévola, hace sonar el látigo de su desprecio, pero en un automenosprecio ensordecedor que debemos enfrentar.

Nunca ignorar resolver, nunca invalidar, decidir quitarle el micrófono y tomar responsabilidad de lo que decidimos creer sobre nosotros mismos. No podemos cambiar el pasado, pero podemos ocuparnos en sanar las viejas heridas, para reconstruirnos hoy y crear un nuevo cimiento para mi mañana feliz, seguro y libre. Aprender a vivir desde la cicatriz, filtrarlo todo desde el perdón a la vida por lo que otros tuvieron y nosotros no; a los verdugos, por lo que debieron dar y no suplieron; y a nosotros mismos, por compararnos con medio mundo y rechazarnos manteniendo vivo ese fantasma tirano contra nuestro propio niño interior herido, roto o invisibilizado. ¡Sí, leíste bien!, perdonarnos a nosotros mismos cuando nos reprochamos ser débiles y torpes porque nos cuesta aceptar que fuimos víctimas, y desenmascarar al verdadero villano, mi yo adulto contra mi yo niño no reparado. Puedes parar de ese ciclo vicioso de autoflagelación; deja de tener lástima de ti por lo que sufriste y comienza a creer en ti, a amarte, a perdonar, a soltar apegos insalubres a un pasado que fantaseas y justificas “todo fue por mi bien”, porque duele aceptar que nos abusaron, quebraron, castraron emocionalmente.

Duele, pero si lo dejas de negar lo empiezas a trabajar; si le dejas de ignorar lo puedes transformar.