No tengas miedo de hablar
A veces creemos que los demás son expertos en leernos, y ninguno somos adivinos. Somos maestros de la actuación como estelares en la telenovela de nuestra vida; sonreímos y decimos estar bien en automático por evitar vernos vulnerables para no arriesgarnos a ser menospreciados, juzgados, o algo así. Pero si somos observadores de los entornos, encontraremos lugares seguros y personas dignas de nuestra confianza para ser auténticos y conversar sin necesidad de intimar, “sin dar cambio de más”, ser concretos para comunicar una necesidad, o buscar un acuerdo, negociar un favor etc.
Somos seres sociables, nos necesitamos; inevitablemente viviremos donde quiera que vayamos el principio de “los unos a los otros”: amarnos, perdonarnos, soportarnos, restaurarnos, bendecirnos, ayudarnos; dar y recibir con la misma semilla de gracia, compasión, empatía y misericordia. En la medida que te atrevas a confiar, disfrutarás de que confíen en ti, disfrutarás el que te encuentren confiable y sacarás de tu mochila emocional fantasmas tormentosos de miles de por qué si o por qué no fui, dije, hice o no fui ni hice ni dije; acabarás con el aniquilante aguijón del si hubiera dicho lo que sentía quizá me… El “no” ya lo tienes, ve por el “sí”; atrévete a hablar, analiza el escenario, estudia las oportunidades; planifícalo, crea tu momento, y si no se abren puertas, busca ventanas.