Seguramente has escuchado adultos referirse a jóvenes inquietos, emprendedores o divergentes, calificarlos con la frase “se quieren comer el mundo a puños”, como si fuera de locos visualizar las metas cristalizadas, dando por hecho cosas, llamando lo que aún no es como si ya fuera. Pero está bien hacerlo, hablar en fe es una estrategia terapéutica para la consecución de metas. No hay nada de malo con soñar despierto; incluso se aconseja ir esbozando gráficamente, crear un collage ilustrando fotográficamente cómo me quiero ver, dónde quiero estar, a quiénes deseo tener a mi lado, etc. El tema a cuidar es que el dulce sueño no se vuelva una pesadilla continua por ir contra reloj; se llama, en términos psicológicos, “desarrollar una cronopatía”, enfermedad del tiempo; sentir que 24 horas no te dan para todo lo que tienes que hacer, y dejas de descansar, convivir y disfrutar lo que tienes y a quienes te impulsan a esforzarte cada mañana. Es para perder el piso, la salud, y poner en riesgo relaciones y capitales el tratar de ir a pasos gigantes, o atragantándose sin disfrutar cada paso, sin saborear cada instante. Uno de los más comunes errores en la planeación de un nuevo año es sobrecargarlo de acciones idealizadas fuera de la realidad, perder objetividad, practicidad y anclas con lo medible, alcanzable y sostenible.
Por favor, sueña en grande y planea de poco a poco, para que conserves la paz y cierres paso a los engaños de la frustración, sensación de derrota anticipada, y los estragos del distrés, cuando el estrés se vuelve crónico y entra en un cuadro de enfermedad que no respeta edad, género ni estrato social. No pierdas el disfrutar la edad escolar queriendo acabar en dos patadas por romper un record, o digerir aprendizajes teórico-prácticos por sólo memorizar información, lo cual no es suficiente cuando la vida se trata de conexiones. Mantén la conexión con tu creador, contigo mismo respetando tus límites, y con los que te aman, para que vivas un día a la vez, pero al máximo.
FELIZ AÑO NUEVO