Una cosa a la vez
Nos afectan los malos comentarios, pero también nos vulnera lo positivo que no escuchamos que digan cuando tuvimos la expectativa de que lo dijeran, ya sea agradecer, reconocer o validar. Por ejemplo, sonreírle al vecino, compañero de trabajo o miembro de la familia bajo el mismo techo mientras tratamos de conectar mirándole a los ojos con un amigable saludo, y verlo pasar de largo con la mirada al frente o evasiva sin correspondernos, eso también te mueve y saca de balance, te hace sentir invisible, y es tan desagradable que la imaginación destructiva de inmediato empieza a crear guiones terribles del porqué estarán enojados conmigo, qué hice mal para que me rechacen, etc. CUIDADO, la trampa de la generalización apresurada esta a la puerta para bajar el telón del drama. Tú eres y vales mucho más de lo que una sonrisa o saludo sin corresponder por distracciones o genuinas intenciones ásperas pudieran hacerte sentir derretir como gelatina al sol.