Puedes reescribir tu historia, desde la gratitud
Nos hacemos mucho daño al recordar y volver a vivir una y otra vez los malos momentos, como autoflagelándonos el alma, cuando miras hacia atrás y evocas momentos difíciles, terroríficos o deprimentes y te duele el pecho, se te revuelve el estómago, se rasan tus ojitos, aprietas los puños y explotas rompiendo en llanto, tirando golpes a la almohada, encogiéndote en la cama como bebé indefenso o gritando con rabia al aire, estás desenterrando cadáveres emocionales una y otra vez. La máxima, en pocas palabras, dice así: ”pasado que duele, no es pasado”.
Si pudieras volver en una máquina del tiempo y repasar todo lo que sucedió antes del evento vulnerante y trágico, analizar el contexto de tus agresores antes, durante y después, a ti mismo, tus reacciones y cómo interpretaste las palabras o escenas quizá sin el cuadro completo de lo que estaba pasando, o bajo el influjo de emociones alteradas; y si pudieras hacer una pausa, detener el tiempo justo ahí, para mirar a los ojos a tu yo del pasado y decirle que eso no era el final, que todo pasaría y se iban a mejorar las cosas; si pudieras interactuar con ese agente agresor, y desde tu yo del futuro decirle lo mucho que afectaron sus acciones tu vida y que puedes entender sus motivos pero no justificar sus reacciones descontroladas pero, aun así, estás dispuesto a levantar una bandera de paz, dar una oportunidad a la reconciliación y otorgar profundo, sincero y genuino perdón para sanar las relaciones y dejar de vivir rotos, ¿lo harías? ¿Estarías dispuesta o dispuesto a ceder, rendir, entregar, reconciliar sin salirte con la tuya, perder para ganar? A veces parece imposible reconciliarnos con el pasado, pero quiero decirte que neurológicamente es posible y por eso Jesucristo, en el famoso discurso del amor hacia los enemigos y el poder del perdón, expresó una ley matemática que parece imposible: “no te digo 7, sino perdona 70 veces 7 a tu hermano que peca contra ti”. No veo posible que una persona pueda en un día hacerte 70 veces la mismísima ofensa, agravio o maldad. Definitivamente no, pero el asunto es que cada que lo recuerdes, y en tu mente lo recrees como una película a todo color, tu cerebro se re traumatizará como el primer día en que lo viviste de manera presencial.
El cerebro es neuro-plástico, puede moldearse y, cuando tú decides aferrarte al dolor, se anclará una emoción amarga en tu alma, y cuando decidas soltar y rendirle a Dios como Juez soberano tus quejas y demandas justas y absolutamente loables de perseguir, estarás reescribiendo tu historia de amargura a contentamiento, de desesperanza a ilusiones y de mendicidad emocional a madurez y plenitud.