SANANDO EL DUELO POR ABUSO (2)
Es necesario cerrar ciclos de violencia en aras de sanar relaciones rotas empezando con nosotros mismos y con quienes amamos, porque desafortunadamente son nuestras víctimas. El abuso deja marcas que se vuelven raíces de baja autoestima, confusión de identidad e inconsistencias de carácter.
En los libros de historia universal, en autobiografías, así como en la misma Biblia encontramos episodios desgarradores de abusos, traición, deslealtades y violencia padres a hijos, hijos a padres, entre hermanos que impunemente fueron olvidados por los hombres, pero no perdonados por la ley de la vida, como el principio de la siembra y la cosecha que dice: a cada genero de semilla le corresponde un fruto específico de acuerdo con su género y no otro.
SALMO 55:12-14 porque no me afrento un enemigo, lo cual habría soportado, ni se alzó contra mí el que me aborrecía, porque me hubiera ocultado de él. SINO TU HOMBRE, AL PARECER INTIMO MIO, MI GUIA Y MI FAMILIAR, que juntos comunicábamos dulcemente los secretos y andábamos en AMISTAD EN LA CASA DE DIOS.
Hay dos extremos de la personalidad herida, ambas generadas por lo que llamaremos cargas ilegítimas derivadas de la culpa imaginaria o real, y son víctimas o personas tapete y victimarios ovampiros emocionales, mentes enfermas de control y con una grave confusión de afectos primarios, que en el placer encuentran falsa felicidad.
El salmo 55 que cité anteriormente nos revela que es el núcleo íntimo donde somos traicionados y heridos más profundamente, siendo que Dios como creador dice en su Palabra que nos vistió de Dignidad al hacernos a su imagen y semejanza, él es digno, santo y perfecto y revela su naturaleza como DIOS ES AMOR, amor que no falla, no abandona, no se corrompe y nunca deja de ser, pero cuando en la infancia no tenemos padres que modelen ese amor justo, perfecto y compasivo a través de los vínculos afectivos o cuerdas de amor como los llama Dios, nuestros padres comienzan a construir Dignidad moral desde que nos aceptan al saber que venimos al mundo, se hacen fuertes o débiles de acuerdo al nivel de apegos saludables que desarrollemos con papá y mamá los primeros años de vida, estos apegos saludables, en lo emocional y espiritualmente nos revisten de 4 fortalezas: sentido de Dignidad, de propósito, Identidad y seguridad para enfrentar la vida y sus reveses con la frente en alto, la mirada arriba y el pecho sano.
¿Todos caemos y lloramos? sí, es normal, es de humanos a cualquier edad, y sí, también se vale llorar pero no estacionarte como Magdalena en la vida, se vale andar depre, pero no dejar que se instale la depresión.
Cuando nuestros padres o progenitores que fueron referentes de padre y madre nos consolaron, sobaron, abrazaron, nos ayudaron a levantar de caídas y nos dieron confianza para volver a intentar hasta lograr algo, aprendimos empatía y resiliencia, porque es normal y natural caer y levantarse, NO ES DEBILIDAD LLORAR, es crueldad negar el derecho a expresar el dolor.
Si tus primeros vínculos fueron sanos aprendiste a limpiar tus lágrimas, sudor y mocos en brazos tiernos que te hicieron sentir que todo estará bien y luego madurar hasta aprender a reírte de tus caídas sin complejos ni traumas. De lo contrario te hicieron sentir torpe, culpable por no ser fuerte y aprendiste que la vida es injusta, el mundo CRUEL e inseguro y en lugar de vivir la vida has sido un sobreviviente como náufrago en el océano del duelo.