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Aprende a desaprender (5)

Quién fuiste vs. Quién estás dispuesto a ser a partir de ahora

Quién fuiste vs. Quién estás dispuesto a ser a partir de ahora

Todos tenemos comienzos pequeños, heridas que nos recuerdan que somos polvo volátil sin el peso de su gloria en nuestra vida. Voltea de vez en cuando hacia atrás, no para lamentar lo que pudo haber sido y no fue, sino para analizar tus pérdidas y celebrar tus ganancias desde la espiritualidad, porque si has rendido a Dios tus batallas te has enriquecido en tesoros eternos. Reconoce de dónde te ha sacado, agradece que el santo y sublime creador del universo metió su mano en la porquería de este mundo para encontrarte, limpiarte y salvarte cuando estabas sin esperanza, sin rumbo, sin identidad, sin familia; se hizo tu hogar, tu lugar seguro, tu consolador y compañero del camino. Que lo que fuiste ya no te atrape en culpa, vergüenza o condenación; al contrario, llena de pensamientos y de gratitud tu mente, de canciones de júbilo tu boca, porque ciertamente nadie sobre este planeta tuvo por sí solo méritos suficientes para merecer el ser hecho hijo y amigo de Dios.

Cuando vengan pensamientos tormentosos a interrumpir tu sueño recordándote tu pasado vergonzoso, voltéale la tortilla agradeciendo tu redención y recordándole al universo que la misma sangre derramada en la cruz que a ti te salvó, a tu adversario lo derrotó eternamente y sin vuelta atrás.

Alza tu voz y canta alabanzas al Rey; levanta tu mirada y, con la dignidad de un heredero de Dios, camina haciendo el bien, mostrando la gracia con la que fuiste hecho tesoro especial y deleite del único y sabio Dios.