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Todo está bien, no hay problema

Confrontar - Todo está bien, no hay problema

Confrontar

Verdades a medias son mentiras parciales también. Qué gran escuela de actuación creamos cuando la psicoeducación en casa normaliza escenas donde alguien de la familia, después de una crisis y secándose las lágrimas, finge sonreír con los ojos hinchados, colorados y cristalinos de aguantarse las lágrimas después de un gran alboroto o pancho, y respirando hondo intentando continuar con la vida como si el viento se hubiera llevado la memoria del evento traumático. Y se cerrará el telón del drama al mirar hacia otro lado, como queriendo tapar el sol con un dedo, prohibiendo tocar el tema otra vez, sin haber aclarado cómo nos hicieron sentir ni concluido nada sobre cómo resarcir, restaurar la confianza, reparar el agravio, etcétera. Usamos tantas frases maquilladoras del dolor para evitar confrontar, cuando es gracias al hecho valiente de poner sobre la mesa los temas difíciles con las emociones bajo control y responsables de cada palabra, y las intenciones detrás de cada expresión verbal y corporal, para ser asertivos y congruentes en nuestra comunicación.

Las miradas pueden contradecir las palabras por la carga emocional que reflejan, así que está bien decir cuando no estamos del todo bien; está bien mostrarnos vulnerables sin perder dominio propio, dignidad o veracidad; porque entonces fortalecemos vínculos al dar oportunidad a que se sepa cómo interpreté una lectura del lenguaje corporal, o unas palabras que no estaban acordes con los que expresaban los gestos. Al igual, es valiosísimo que nos dejen saber cómo hicimos sentir a los demás, sin buscar ocasión para justificarnos o defendernos rebotando culpas, sino sólo mirar con empatía, disculparse con humildad y esclarecer intenciones.