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Que siga la fiesta, aquí no pasa nada

No perder el tiempo - Que siga la fiesta, aquí no pasa nada

No perder el tiempo

Qué difícil comenzar de nuevo en una relación de cualquier tipo cuando la negación es el pan de cada día y se debe sonreír y maquillar el dolor, la incomodidad o la frustración para vivir en apariencias de que todo está en orden, perfecto control y, como el Chapulín Colorado, salir con un nefasto “no contaban con mi astucia”, reírse de uno mismo, cambiar el foco de atención a la auto mofa, demeritar cualquier acto de deshonor, deshonra o desacato a los acuerdos para hablar de premios o castigos, evitando poner el dedo en la llaga con fines de sanar, cerrar capítulos o saldar deudas.

La vida es bella, corta y frágil como para perder tiempo en distracciones como las ofensas, pero las relaciones afectivas pintan la vida de arcoíris de ilusiones, esperanzas. Por ello, no podemos jugar a la gallinita ciega emocionalmente; hay que tomar valor para expresar con la serenidad merecida en cada situación: amo quien tú eres, amo lo que hacemos juntos, pero me lastiman estas palabras o me afectan estas acciones, o me siento agredido con estas omisiones, etc. La cuestión es no dejar que un hilo suelto se convierta en una gran madeja de hilo de algo que se destejió, por falta de amor sabio, para comunicar pequeñeces que se convertirán en abismos.

En una ocasión, me sacó de mis casillas la manera evitativa de poner límites a un berrinche de mis sobrinos y, la forma de control cuando se ponía intenso el relajito, era “ya no van a venir tus primos”, o “ya no vamos a volver a casa de la abuela si siguen peleando o discutiendo o negándose a recoger con todos los demás”; el punto grave es por qué ofrecer castigos imposibles de cumplir, además de tratar de amenazar con terrorismo socioemocional, usando a las figuras de apego familiar como carnada para hacer lo bueno y poder ir de visita, o como carnada para meter en la cárcel del “no eres suficientemente bueno para merecer”. Jamás debemos poner en juego los afectos nutritivos de las lindas relaciones entre familia del núcleo primario, que ha creado conexiones empáticas, nutritivas y de influencia, porque es como meterse cuetes en los zapatos y caminar con la incertidumbre de no tener pertenencia segura a un núcleo, porque siempre está bajo amenaza lo que representa su lugar seguro.

Es mejor decir “hagamos una pausa”, “tiempo fuera”, “vamos al sillón de pensar”, cambiar los papeles en un ejercicio de sensibilización: cómo te hubiera gustado que te lo dijeran, o que reaccionaran, si tú hubieras sido quien…

Es maravilloso, y dura para siempre, una lección de humildad en la que se pueden ver los distintos posibles panoramas al decidir lo sabio vs. lo egoísta.