3 – EL DOLOR ES INEVITABLE, Y ¿SABES QUÉ? SE VALE LLORAR
Siempre que alguien llora, la tendencia es decirle que se calme y no llore, aun en México la famosa canción de Cielito Lindo icónicamente conocida en muchos países como lema de los machos mexicanos expresa el doloroso lamento AY AY AY AY, seguido del tajante consejo: canta y no llores, con el absolutamente falso argumento que se asocia con la negación en los procesos naturales de todo duelo: “porque cantando se alegran cielito lindo los corazones” La sabiduría popular hebrea dice que no cantes al corazón enlutado, sino que llores con el que llora.
A muchas personas nos cuesta tanto trabajo darnos permiso de llorar porque nos dijeron que llorar es signo de debilidad, de cobardía, asunto de niños inmaduros o peor aun de adultos de dudosa identidad como hombres, lamentablemente al género varonil le ha sido mayormente negado el derecho de llorar, como si mostrar tu vulnerabilidad te hiciera perder dignidad, lo cual es falso.
Las lágrimas si las has dejado rodar en tu mejilla y caer hasta tu pecho, pasarán cerca de tus labios y entonces descubrirás que son saladas, creo que la razón de su salinidad es espiritual, Dios ama un corazón contrito y humillado que reconoce su fragilidad y a la vez su necesidad absoluta del creador y cuando en medio del quebranto lloramos al orar o adorar a Dios, nos convertimos en una ofrenda, un sacrificio vivo, agradable y por la fe en Jesucristo enteramente acepto; y a Dios le gusta sazonado con salecita su alimento, tu humanidad rendida a su majestad, tu seguridad sometida a su fidelidad es el mejor alimento de tu comunión e intimidad con Dios. Llora cuando lo necesites con libertad y sin culpa, pero en el regazo de tu Padre celestial, del Omnipotente y dulce consolador.