Podemos reescribir nuestra historia
Todos tenemos huecos de crianza, errores de nuestros padres y cuidadores que, por inexperiencia o falta de sabiduría, marcaron nuestra vida, dejaron malas memorias en nuestra mente y hasta cicatrices en la piel —algunas veces, por cierto, muy lamentables—, y de la misma manera que hoy en día existen desvanecedores de cicatrices en la piel, tenemos hallazgos neuropsicológicos que nos han dado herramientas para trabajar el desvanecimiento de huellas neurales por el psico trauma temprano. Las cicatrices del alma por heridas en la niñez pueden ser reparadas por ti mismo tomando conciencia del daño, validando las emociones desagradables asociadas a las memorias malas y asumiendo el 100 por ciento de la parte de responsabilidad que te corresponde personalmente a ti, para recuperarte, reconciliarte, o dejarte reparar, restaurar, restituir por otros.
Al abrir tu mente y corazón a la autorreparación del trauma temprano o infantil, te regalas la oportunidad de reescribir tu historia desde la compasión hacia tu prójimo por perdonar a ciegas y de golpe todo, porque eso es una negación disfrazada de falsa humildad, pero al sensibilizarte a las imperfectas vidas heridas y rotas de los que te dañaron, para otorgarles la misericordia que necesitas para ti ante tus errores con otras personas porque entiendes que todos fallamos, y cobraremos facturas con la misma tasa de interés moratorio con que nosotros les cobremos a los que nos han ofendido, como si fuéramos usureros emocionales de los demás.
Reescribes tu historia desde la esperanza cuando decides ver la gran bondad de Dios, que te mantuvo con vida pese a tantas amenazas; la fidelidad con que te sostuvo entre tantas carencias y su poder que te permitió crecer en tanta adversidad hasta ser quien eres hoy, con cicatrices, pero vivo y en movimiento, con heridas, sí, pero con aprendizajes y sabiduría adquirida por la universidad de la vida.