Todos tenemos un yo integral; quiere decir que nuestra identidad se integra de muchos roles que desempeñamos desde las esferas psíquica, consciente, intrapsíquica, inconsciente, emocional, intelectual, espiritual, social etc., de acuerdo a nuestro género, edad, cultura familiar y el entorno donde nos desenvolvemos, y en la interacción cotidiana proyectamos diferentes perfiles de nuestra personalidad sin que esto signifique en lo más mínimo un trastorno de disociación o fragmentación de la personalidad.
Llamamos estados del yo al conjunto de elementos o prismas de nuestra personalidad, o roles de identidad, por ejemplo: ser hija, hermana, amiga, estudiante, nieta, prima, esposa, nuera, madre, suegra, abuela, etc.; como madres, enfermera, chofer, doctora corazón, chef, mediadora.
Como hijos podemos ser poco tolerantes; como amigos, muy complacientes; como vecinos, territoriales; como hermanos, vengativos; como padres, muy compartidos. Y es natural porque cada rol supone distintas ganancias, gratificaciones, responsabilidades y desafíos.
Todos los roles, tendrán una dosis de frustración, ilusión, satisfacciones, miedos, dolor. En pocas palabras, el dolor no es malo, el miedo o la ira no lo son; tenemos que aprender a verlos como aliados para nuestra automejora continua. Vamos a aprender este mes acerca de este vital tema como conocerme y aceptarme; es crucial para experimentar gozo por la vida, alegría por las vivencias y felicidad como un estado de conciencia que yo creo con mis decisiones muy personales.