Dios tiene muchos nombres. Me derrite de emoción conocerlos porque describen de su carácter como Padre: cuidador, protector, ayudador, sanador, proveedor, defensor y muchos atributos más, como por ejemplo: “El Dios que te me ve”, en Génesis 16:13. Agar, una princesa egipcia que había servido muchos años a Sara, esposa de Abraham, después de algunos años de tener un hijo que la misma Sara propuso por desesperada, queriendo ayudarle a Dios con la promesa de ser padres. Unos años después de que llegó Isaac, el hijo de la promesa, las rivalidades de Ismael el hijo de la esclava Agar ya no cabía, así que la despidieron en medio de la nada, sin suficiente gratitud por sus años de trabajo ni honra a ese hijo de Abraham. Inminentemente morirían en el desierto de sed y hambre, pero al llorar el niño, Dios se manifestó a Agar haciéndole promesas poderosas y proveyendo sustento y ayuda para ella y su hijo, así que Agar lo llamó El Dios que me ve.
Quizá también tú sufriste experiencias donde te dejaron en el olvido por distracción de tus padres, por maldad de tus hermanos, por descuidos no intencionales, pero te paniqueaste, lloraste y tu corazón se quebró dentro de ti. Aún al recordarlo sollozas como inconscientemente con un gran suspiro y no es para menos, pero aquí te demuestro: Dios nunca olvida a cada persona que dio vida en el vientre de su madre. Incluso dice en Salmo 27:10-14: “aunque mi padre y mi madre me abandonen, tú Señor te harás cargo de mí.” Eso es la primera parte, pero la segunda es una instrucción vital para llegar a la delicia de disfrutar su cuidado cuando nadie te ve, cuando parece que la amnesia invadió al mundo y te sientes ajeno, no encajas; parece imposible adaptarte a esos entornos hostiles o nefastos. La segunda parte dice: “muéstrame TU camino”. No es el camino o un camino: es TU CAMINO; quiere decir que no es vivir a tu manera como si fuera el último y sin pensar en consecuencias y responsabilidades. Quiero darte una gran noticia: su camino no es algo, el alguien: Jesús es el camino. Fue allanado, aplastado, masacrado para hacerse el camino a tu paz, a tu estabilidad, a tu lugar seguro; ya no te sientas olvidado, Dios te invita a que le creas que eres amado, valorado, cuidado, y lo afirma de tantas poéticas maneras como Isaías 49:16 “te tengo esculpido en la palma de mi mano”. Por favor, no le des tu voto de fe a las circunstancias; créele al Dios de amor que te grita NO TE OLVIDO, ESTOY CONTIGO. Tú decides: ahogarte en dolor, soledad y desesperanza, o abrazar la fe en el Dios que te ve. Créeme, es real.