El hecho de que la historia de nuestro origen biológico nos marca positiva o negativamente es un punto que no debe desalentarnos, porque justo esas marcas que todos en la tierra llevamos, por más buenos entornos que hayamos tenido o amigables relaciones parentales y por más felices que sean la mayoría de nuestros recuerdos de la infancia, todos tuvimos esos días de oscuridad y nubarrones que empañaron por momentos o temporadas nuestra seguridad personal.
Justo las fallas de crianza o vacíos existenciales son lo que nos conecta como seres humanos, la fragilidad de la vida ante la vulnerabilidad humana que nos grita que nada es para siempre en esta tierra, pero que si levantamos los ojos al cielo donde el creador y soberano Dios puede darnos un nuevo sentido para nuestro dolor y la habilidad de reescribirnos desde la comprensión de que cada día es un nuevo comienzo y asumimos que no vale la pena escoger la vestidura de derrota cuando sólo son instante de la existencia en que experimentamos esa condición de miserabilidad. Revístete de dignidad y grandeza en cada round de tu pelea diaria por la vida después de sentirte perdedor, porque es de humanos caer, perder y volver a levantarse, porque no eres tú solo en tu falible humanidad caminando por la vida huérfano sino tu creador en ti, contigo y a favor tuyo y a través de ti. Sí, leíste bien, a través de ti, mostrando su portentosa divinidad cuando camines creyéndole y confiando que todos sus recursos están a tu alcance por la fe.
Cree que Dios es amor, es bondad, es verdad, es vida, es nuevos comienzos, es tu medicina, es tu sanidad y tu libertad. Eres amado, muy a pesar de quienes te hallan gritado lo contrario. Fuiste y eres el objeto de su amor, porque pensó en ti cuando extendió sus manos para dejarse clavar en una cruz, siendo el Dios infinito, el alfa y omega; se hizo finito con principio de días en la tierra, muy pequeño y humilde; sólo 33 años vivió para que tu final en la eternidad fuera glorioso y pleno. Eres amado desde antes de que te concibieran tus padres, fuiste un sueño que Dios soñó y se hizo realidad. Creerle a Dios o a las circunstancias es tu decisión, pero te animo a mirarte al espejo, dar un toque a tu barba con tu puño y decirte a ti mismo:
¡HEY, PROPÓSOTO GLORIOSO, COBRA ÁNIMO, ERES AMAD@!