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El amor que triunfa sobre el dolor (1)

El verdadero Amor

1 – El verdadero Amor te ha cuidado desde el vientre de tu madre

Todos fuimos engendrados por la semilla de un varón, se haya hecho cargo de nosotros o no. Así mismo, fuimos dados a luz por esa bendita mujer que no interrumpió el embarazo; nos haya dado su amor y ternura o no, ése es nuestro origen terrenal. Parece tan sencillo y obvio, pero la buena noticia para el mundo es que ese origen terrenal no lo es todo: nuestros pasado y origen social negativo y doloroso, cuando así lo fue, no nos determinan.

Dios dice en el salmo 139:16 YO ESTUVE AHÍ, “mis ojos velaron por tu desarrollo embrionario.” Decide creerlo, fuiste cuidado por la mirada amorosa de un exclusivo diseñador. Nuestros padres merecen honra y gratitud por concebirnos, nos dieron cuerpo, nombre y apellido; sin embargo, la vida nos la dio el creador.

Dios dice en Isaías 43:4 “A mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable y yo te amé.” Y más adelante da una orden importantísima para ser felices en su perfecto amor, dado que es tan fácil engancharse emocionalmente a las cosas malas y estacionarse en quejas y juicios, el único y sabio Dios que nos ama dice en Isaías 43:19: “NO traigas a memoria las cosas pasadas, porque yo tengo cosas nuevas”.

Todos pasamos la etapa adolescente en que nos alejamos de nuestros progenitores, juzgando severamente sus fallos y anulando muchas cosas positivas que en su mejor esfuerzo y capacidad nos brindaron. Quizá no te sentiste amado como hubieras querido, y quizá alguna vez reprochamos con resentimiento “¡yo no te pedí nacer!”

Puedo imaginar el gran dolor provocado sin conciencia ni intención por la pura inmadurez de jóvenes que no estaban preparados psicoemocionalmente para tal responsabilidad, por más ilusiones que hayan tenido planeando su vida marital; y  por más anticipación amorosa con lo material, todo es muy diferente al soñarlo que cuando ya es realidad y los hijos llegan cambiando su dinámica de vida y economía drásticamente. Algunos bebés lloran toda la noche sin que encuentren un porqué, o ensucian la cama recién cambiada una y otra vez como hecho adrede, o parece que esperan el momento de la mano tibia sosteniendo las frágiles caderas mientras acomodan un pañal limpio para evacuar justo en su mano, y cuando nos enfermamos y generamos sustos de madrugada y gastos no previstos; seguimos vivos por sus cuidados y la bondad de Dios.

Todos atravesamos la etapa de la ingratitud, cuando hacemos nuestros héroes sociales de terceros que nunca dieron un peso para nuestra educación o mantenimiento y menospreciamos insolentes a los que sí estuvieron ahí, con todas sus fallas e incongruencias, pero fueron los que se desvelaron y se desgastaron por todos los frentes para cuidarnos, proveernos lo mejor a su alcance y criterio.

Salvo excepciones muy terribles en que realmente parece que encarnaron demonios que nos trataron de matar, pero aun y con todo eso nos dieron una vida que al tomar responsabilidad de lo que sí nos corresponde, podemos dar un vuelco drástico y comenzar a reconstruirnos desde el amor a Dios y a nosotros mismos; entonces sí, que tiemblen las entrañas de la tierra porque reverdeceremos en nuestro desierto y seremos fructíferos, dejaremos huellas dignas de ser imitadas como héroes sociales porque superamos la tragedia de hogares desorganizados y sociedades pútridas, al renacer emocional y espiritualmente, al conocer el amor verdadero, que nos enseña a mirarnos desde sus ojos dignos, honrables, amados; y entonces el chip del menosprecio es cambiado por amor propio, respeto por uno mismo.

Sin duda descubrirás tu nuevo yo como un mata gigantes, enfrentando y venciendo miedos, orgullo, confusión, culpas, vergüenza pero sobre todo la gran estafa psíquica de no ser alguien. ERES UN PROPÓSITO GLORIOSO desde que Dios sopló vida en el vientre de tu madre; eres un sueño de Dios hecho realidad, desde que la gloria de Dios visitó ese vientre y fuiste concebido para ser luz en las tinieblas. Decide creer en el amor que te dio vida y comienza a abrazar tu nuevo yo desde la versión de tu creador, y deja ir lo que no merece que te desgastes porque no puedes cambiar tu pasado, pero sí puedes reescribir tu mañana amándote hoy como lo que eres, una extensión del corazón amoroso de Dios al mundo.