Volver a empezar de ceros
Cuántas veces hemos escuchado decir esta frase como un cliché que, si lo meditas bien, con lógica elemental es ilógico, irreal, es un antivalor y lo que le sigue. La verdad es que después de una experiencia de trauma, dolor o desamor, decir “empecemos de cero” es sinónimo de negligencia porque, si no aprendemos de los errores, nos negamos el crecimiento que nos deja madurar en criterios basados en la propia experiencia de equivocarnos, sin atascarnos en culpas absurdas, simplemente al hacer frente a las consecuencias para asumir responsabilidades y enmendarnos, o bien permitir a otros reparar tomando sus responsabilidades en la situación dada.
Todos necesitamos aprender de los errores. Sin embargo, tenemos tendencia a la negación del dolor, minimización de los efectos del desengaño y auto sacrificio con una falsa convicción de que no pasa nada; empecemos de cero como si nunca hubiéramos dicho o hecho tal cosa, en lugar de reconocer los efectos de lo sucedido para poder adquirir sabiduría, humildad y madurez en la gestión de las emociones desagradables. Como un burdo ejemplo de la trascendencia de negar los efectos emocionales de un mal momento, minimizándolos con un “no pasa nada, empecemos otra vez de ceros”, imagina que por un accidente tropiezas de noche con un objeto dejado fuera de lugar y te golpeas el dedo gordo tan fuerte que amanece hinchado, morado y adolorido, pero como no quieres hacer sentir mal a nadie, dices que fue un descuido tuyo y que no pasa nada: todos felices empezando de ceros el día. Aguantarse la expresión del dolor, forzarse a usar el zapato como si no doliera sólo te pondrá en riesgo de que una lesión se convierta en fractura. Por no hacer sentir mal a alguien, y ese alguien quizá continúe dejando objetos fuera de lugar en cualquier parte, hasta que un día explotes y te pongas histérico e histórico gritando “van 40 mil veces que me golpeo con lo que no guardas en su lugar”, y saldrá el resentimiento de todos los golpes acumulados, con la peor actitud, exageración que, de haberlo hablado desde la primera vez con claridad y prontitud, no te hubiera hecho reventar de rabia.