Legado
Si crees que puedes, tienes razón; lamentablemente, si crees que no puedes, también tienes razón. El meollo del asunto es desde qué perspectiva estás evaluando tus recursos, tus competencias y habilidades. No te veas desde tus errores y fallas sino desde las batallas ganadas y las victorias de la derrota. Si en la derrota hay victorias espirituales, humanizarte, aprender humildad, desarrollar “enseñabilidad”, eso es crear legado, seguir de pie, seguir creando finales felices desde la fe, la esperanza y la certeza de que nuestro galardón es el Dios y Padre de todo consuelo. Tu ejemplo de fe y perseverancia es tu legado, tus huellas a seguir en la arena de la genealogía ancestral al no dejar de renovarte; a pesar del dolor, moverte; a pesar del pesar, avanzar; estar dispuesto a cambiar, transformar tus perspectivas poniéndote los lentes de la fe, donde Dios es el único que dictamina ganancias o pérdidas, y él ha dicho: el que gane su vida para sí mismo la perderá para la eternidad, y el que pierda su vida por causa de la fe, la ganará para la eternidad. Al perder el egoísmo, al morir a las vanidades del mundo para atesorar las perlas de sabiduría que el Señor nos da en cada proceso de humanización, es fructificar en las cosas de arriba donde el orín y la polilla no corrompen, ni ladrones pueden hurtar tus satisfacciones, tus bendiciones a solas con Dios muriendo a la queja, al resentimiento, a las envidias o al miedo.
Vivir para reflejar su amor es hacer legado, es fructificar es diseminar la semilla de la fe para multiplicar en tus generaciones gente buena, de bien, gente feliz que sabe caminar con Dios.