Todos somos una obra en proceso de remodelación.
Aprendimos en marzo de los nuevos comienzos que se dan cada año con el ejemplo de la primavera, tanto en flores, árboles frutales, como animales; así las águilas majestuosas y las frágiles orugas que mueren a un yo cansado de sus propias limitaciones para desafiarse a la renovación de sí mismas.
Y los seres humanos tenemos cada día la oportunidad de decidir reflexionar al caer el día sobre lo que nos hizo felices, las satisfacciones logradas y las tareas para trabajar al día siguiente en mejorar nuestra vida en lo personal, familiar, laboral, social, financiero, espiritual, etcétera.
Hay un dicho entre historiadores muy cierto: “El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Analiza qué episodios desagradables de tu vida necesitas trabajar con intención, estrategia, constancia y diligencia para transformarlos en memorias de gratitud, porque aprendiste a sobrevivir con estrategias que te hicieron fuerte de algunas maneras y distinto de otras, pero estás aquí y no te vas a quedar así, en modo sobrevivencia, sino comenzando a celebrarte el estar vivo, lúcido, completo. Has de tus heridas cicatrices, agradeciendo la providencia y cuidado de Dios en cada batalla librada. No todo se perdió; cuando decides aprender, ya ganaste.