¿Y que pasa si no tengo recuerdos de haber sido un niño alegre, feliz o un “escuincle normal”? Pues no te espantes, tu tranquilo y yo preocupada.
Fíjate que no eres la única persona con experiencias castrantes que fue obligada a amoldarse a un estilo de conducta, que tuvo que adaptarse para sobrevivir, pero que gritaba desde lo profundo, quizá con pesadillas recurrentes, huyendo sin rumbo, combatiendo villanos que nunca podías vencer.
La mente y el cerebro guardan memorias de todo, y tu mente consciente podrá no recordar esas edades, pero la mente inconsciente todo lo proyecta a través de miedos, inseguridades, fobias o enfermedades que son emociones negativas somatizadas.
Y te dije que no eres la única persona con estos complejos o traumas de la niñez para que tengas esperanza, muchos nos hemos podido reconstruir, en el taller del maestro, el único y sabio Dios experto en reparar y restituir, podrías decidir hoy mientras lees esto, tener una conversación con él y decirle rescátame de mi yo amargo.