Por el contrario, a la falta o las ofensas, cuando alguien atenta contra tu integridad física, moral, psicológica, financiera o relacional en un grado malvado, con alevosía y ventaja, debes actuar por tu bien y el de los que aprenden de tu ejemplo, como lidiar con el pecado que hacen contra ti; no hablarlo con iguales a ti en jerarquía porque eso es chisme, ya que no tienen ninguna autoridad para intervenir, confrontar y solucionar. El pecado se debe exponer y no encubrir porque te vuelve cómplice, o parte indirectamente, por solapar; atrévete a buscar a la persona correcta, en un momento adecuado, privado y discreto, y prepara el argumento claro, breve y sustentado con las evidencias más sencillas y objetivas, y deja el resto al Dios que ama la integridad en lo íntimo y no puede ser burlado: él prometió vengar al inocente.
Emociones y decisiones crean estados de ánimo – Cápsula 8